La lluvia caía constantemente en el pequeño pueblito cerca de Como, Italia. La noche estaba tranquila y mientras el ruido de las gotas y el reflejo de las luces sobre el piso mojado con hojas pegadas de los arboles afuera del hotel parecían ser lo únicos testigos de un momento de silencio entre los dos, la mirada de él se detuvo y sin pensarlo ni planearlo de su boca salieron las palabras que desatarían un torbellino de emociones encontradas en Camila.


No se podía negar que ese hombre estaba enamorado de ella, razones había de sobra porque ya habían compartido varios años juntos y básicamente había quedado flechado por sus ojos el primer día que la vio en su lugar de trabajo.


El silencio y la falta de respuesta se hizo eterno para Emin, pero en la mente de Camila las escenas de lo que se supone debía suceder en estas situaciones no le permitían dar una respuesta: ok, la lluvia era perfecta, la escena ya era era romántica: los dos ahí en silencio en una noche oscura, en un pueblo de las zonas más bonitas del norte de Italia, un nuevo viaje juntos… pero no había existido una “verdadera propuesta”. Acaso no debería existir una invitación a una cena romántica? Una sorpresa de esas que llevan meses de planeamiento?… y el anillo? Pero nada de eso existió y simplemente Emin se dejó llevar por lo que sentía y no iba a pensarlo demasiado: quería pasar el resto de su vida con ella.


Emin pareció entender mejor aún el comportamiento de Camila


A su regreso ella le dijo: “Si nos vamos a casar, quiero un anillo.” A su regreso a Suiza, Camila fue en búsqueda de su anillo. Emin la acompañó a comprarlo y al momento de pagar se arrepintió y le explicó que lo haría más adelante.


Una semana después y bajo una choza improvisada dentro del mismo departamento que compartían, Emin la esperaba con la propuesta oficial: “Quiero saber si de verdad quieres casarte conmigo…” Y el anillo la estaba esperando en ese pequeño rincón que él con sus propias manos había construido para ella.


Quizás deberíamos aceptar que lo que esperamos llegará a nosotros de una manera que no lo hemos planeado o soñado, pero llegará y eso no significa que tenga menor valor.


Dos historias se cruzaron para formar una nueva historia, que a su vez ya está formando una historia más. Una hija que asiste dentro de la panza a la boda de sus padres. Dos culturas, tan lejanas como cercanas. Dos formas de ver y sentir pero donde la base principal está y la emoción, las risas, los abrazos, el sentido de celebración por momentos como éstos unen más que cualquier otra diferencia. Musica y bailes albaneses con comida típica Argentina, una mezcla difícil de resistir



Esta es la historia de Camila y Emin, ella Argentina-Suiza y él Albanés-Suizo y en estos tiempos donde las historias se siguen cruzando en este mundo revuelto, el Amor sigue teniendo lugar, incluso si llega sin escenas románticas edulcoradas de frases y momentos hollywoodenses que se han impregnado en nuestro inconsciente. El Amor es genuino cuando aceptamos al otro tal cual es, incluso proponiéndote casamiento sin un anillo en la mano porque el símbolo, como símbolo mismo no siempre debe ser visible sino que se lleva adentro y en la forma de mirar al otro. Aquella noche es ese pequeño pueblo al norte de Italia y bajo la lluvia que caía afuera del hotel, no se necesitaba más para recordar que el momento, siempre es el momento perfecto.